Los estragos de la contaminación lumínica

Cada vez escasean más los lugares donde domina la oscuridad nocturna. La luz artificial perturba de muchas maneras la vida animal, hasta el extremo de contribuir al declive general de la biodiversidad.

La luz artificial está cada vez más presente durante la noche, incluso en las regiones alejadas de las grandes aglomeraciones urbanas.

El impacto de la contaminación lumínica sobre la fauna es objeto de estudio desde hace pocos años.

La luz artificial nocturna perturba los mecanismos hormonales, el comportamiento, las interacciones y la orientación de los animales, entre otros aspectos.

Es probable, pues, que sea un factor importante en la pérdida de biodiversidad. Para limitarla son posibles diversas líneas de actuación.

Un nuevo actor ambiental

La luz artificial nocturna es producto de la actividad humana y de las fuentes de luz que la sociedad moderna instala: farolas urbanas y viarias, faros de vehículos, carteles publicitarios, iluminación doméstica y laboral, etc. Esta iluminación directa y localizada genera una claridad indirecta y difusa, de baja intensidad pero con un vasto alcance: es el origen del halo luminoso que emana de las aglomeraciones urbanas y que llega a ser visible en el cielo a decenas o cientos de kilómetros de la zona bañada por la luz directa. Un halo que ciertas condiciones atmosféricas como las cubiertas de nubes acentúan al favorecer la dispersión de la luz.